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Memoria fotográfica

Yela Lofredo PDF Imprimir Correo

FOTOGRAFÍA: Fuente - Casa de la Cultura Núcleo del Guayas

“Uno nace creando y muere creando. Dios me ha dado ese don”

Yela Lofredo, la escultora guayaquileña cuya habilidad fue visible desde temprana edad ,cuando daba forma al barro, al papel maché y los convertía en máscaras.  Muchos de sus amigos anotan su carácter jovial, alegre y siempre  optimista a pesar de los contratiempos vividos “cosas bonitas y feas” como señalaba en una entrevista, “ las malas las he tratado de olvidar y me he quedado con las buenas, porque así uno tiene ganado el cincuenta por ciento de la vida”.*

Se casó joven y tuvo cinco hijos, que los crió a la par que iba creciendo en sus preocupaciones artísticas, en sus deseo de agruparse con otros artistas para crear un espacio que les permita intercambiar conocimientos y compartirlos con la gente. Estudia Arqueología en la escuela que mantenía la CCG y más adelante ingresa en la Escuela de Bellas Artes, entre otras razones, por el impulso dado por los amigos de sus suegros cuando corría el año de mil novecientos sesenta y uno.

En un viaje a Nueva York conoce el famoso Greenwich Village y  confirma una idea que le venía rondando tiempo atrás: había que convertir a La Peñas en un barrio para el arte. De hecho, en el sesenta y seis crea la Asociación Cultural Las Peñas, donde por años se ha concentrado el arte diverso, mucho antes de cualquier reforma urbana, ella entendió que ese tradicional barrio era un espacio para preservarlo.

En una exposición realizada en Quito en el sesenta y siete, según el crítico Hernán Rodríguez Castelo, la artista encuentra su línea, su obra adquiere personalidad y definición. Yela se posiciona como la escultora guayaquileña y llena el vacío que en esa rama del arte existía.*

Varios son los derroteros de su creación.  A la par de su incansable trabajo a favor de la cultura guayaquileña y de su preocupación por aportar a la gente que tiene poca oportunidad de aprender, Yela Lofredo encamina sus actividades hacia diferentes objetivos.  En el año setenta y cinco, a causa de un problema en su salud que le impide esculpir, empieza a diseñar joyas y envía sus dibujos para los tejedores de alfombras en Guano.

El arte popular, las piezas arqueológicas, han sido en buena medida, objeto de inspiración y creación, el punto de partida para una escultura de proporciones, de mujeres voluminosas, trabajadas con formas pronunciadas, siluetas que adquieren un gran valor simbólico.

En el setenta y nueve fue designada Directora del Departamento Cultural de la Escuela Politécnica del Litoral. Fue también enviada por la Unesco para una exposición en París, junto a figuras del arte contemporáneo. Su caminar ha sido intenso, más de cuarenta años creando y enseñando. Innumerables exposiciones en su país y en el exterior. Invitada por prestigiosos galerías, embajadores e instituciones, ha llevado su escultura por numerosos países.

Su entrega ha sido valorada, ha recibido varios premios a lo largo de su vida: Premio de la Sociedad Filantrópica del Guayas (1960), Primer Premio de Escultura en el sesenta y nueve, Segundo Premio de Escultura en el Salón Municipal Fundación de Guayaquil, y el premio Eugenio Espejo en mil novecientos noventa y nueve, entre algunos de los varios acumulados.

Entre su publicaciones constan:  Yela, (2003) y Venus de Valdivia y la herencia de su estirpe, libro publicado en el dos mil seis, responde a otra de sus preocupaciones y ocupaciones: la arqueología.

Genoveva Mora Toral


* Entrevista Diario El Universo, 2004

* Fuente www.diccionariobiograficoecuador.com

 

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